martes, marzo 07, 2017

Doble victimización o cómo pasamos de espectadores a victimarios

Por Maritza Duarte.

La doble victimización se produce cuando una persona es agredida directa o indirectamente en su dignidad de persona, es decir, en sus derechos, pero que además, como consecuencia de la exposición o experiencia derivada de la primera agresión, la víctima queda expuesta al escrutinio, ya sea de las autoridades o de la sociedad, frecuentemente de ambas.

Un ejemplo típico de la doble victimización es el que se presenta cuando alguien que ha sufrido algún tipo de acoso sexual, ya sea en la calle, en su trabajo, en su casa o incluso, en su escuela, no recibe un trato digno de parte de aquellos que toman la denuncia o son partícipes voluntarios o no, de la agresión (como testigos directos o simples espectadores). Tal es el caso, de la señorita que denuncia haber sido acosada por su jefe, y entonces compañerxs, directivos de la empresa o institución y autoridades, cuestionan su vestimenta (si llevaba falda corta o una blusa con escote) y su comportamiento para con el agresor (si era muy cercana, coqueta, demasiado amable), previo claro está, a la agresión.

Ayer, luego de que leí la nota sobre el profesor que tiene un comportamiento inapropiado dentro del salón de clases con una alumna (http://metropolitanoags.blogspot.mx/2017/03/acusan-maestro-de-secundaria-en.html?m=1) observo horrorizada, cómo se está presentado la doble victimización de la chica con quien el profesor tiene una actitud “extremadamente afectuosa” y que ha derivado en agresiones verbales y acoso para ella y su familia. Esto, evidentemente pone de manifiesto cómo el pensamiento machista que impera en nuestra sociedad, suele proteger al agresor y en muchos casos, justificarlo frente a la víctima.

Habrá quienes piensen que este vídeo y su divulgación en medios electrónicos es “una trampa” que le han puesto al profesor con la finalidad de que pierda su empleo. Lo que yo puedo decir al respecto es que dudo mucho que quien haya grabado el vídeo tuviera que “planear” cómo sucederían las cosas, pues se le ve bastante relajado al profesor y al resto de los compañeros frente al hecho de tocar y abrazar (incluso besar en la mejilla) a esta estudiante.

También habrá quien considere que la alumna “seguramente se le ha insinuado al profesor” y eso ha dado pie a un comportamiento como éste. En ese sentido, quiero recordarles que cualquier relación inapropiada entre un adulto y un menor puede derivar en estupro (delito que consiste en tener una relación sexual con una persona menor de edad, valiéndose del engaño o de la superioridad que se tiene sobre ella).

En nuestro país, por las estructuras sociales y la forma en que entendemos la violencia y los micromachismos, acostumbramos a normalizar estas acciones: “Si le molestara a esta chica lo que hace el profesor, le habría dicho que no” o “si él se comparta así es porque ella lo ha permitido o incluso, provocado”. Les recuerdo, que el profesor es una autoridad dentro del salón de clases y que cualquier resistencia o rechazo puede ocasionar problemas en las calificaciones o incluso, en la permanencia de la alumna en la institución. No seamos ingenuos ni agresores pasivos. Movamos nuestra perspectiva, y reconozcamos que la denuncia es un primer paso para detener este tipo de comportamientos que no caben en nuestra sociedad ni en nuestras aulas.

Desde esta columna señalamos el hecho y lo denunciamos. Habrá seguimiento a lo que resulte de este vídeo y esperamos que el acoso y las agresiones verbales en redes sociales que están recibiendo la denunciante y su familia, no les hagan desistir de continuar con la investigación. Es importante que rectifiquemos nuestra conducta y nos preguntemos siempre, ¿por qué reprimimos a quien denuncia? ¿Será que este hecho nos recuerda todas esas veces que hemos sido víctimas y nadie nos creyó, y por eso nos ponemos del lado del agresor para que así no nos vuelva a suceder?

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