Revelan inhumanas prácticas en la Normal de Cañada Honda con alumnas de nuevo ingreso ~ Metropolitano Aguascalientes

viernes, junio 09, 2017

Revelan inhumanas prácticas en la Normal de Cañada Honda con alumnas de nuevo ingreso

Por: Lizeth López Velarde Ramírez

Este es el relato de quien llamaremos “Sara”, que por temor pidió guardar el anonimato pero lo que no quiso fue seguir guardando silencio; contó su historia, lo que ella vivió, la que dice, es la historia de cientos de jovencitas que intentan ingresar a la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez”, ubicada en la comunidad de Cañada Honda, las tan mencionadas pero también desconocidas, novatadas.

Sara relató que en el 2011 ella ingresó a este plantel gracias a los resultados de su examen, “en ese momento, era mi única oportunidad para poder estudiar, mi padre es obrero, no me podía pagar los estudios, vi en esta Normal la oportunidad para seguir mis estudios, porque te pagan todo, los alimentos, los estudios, todo”.

Cuenta que llegó el primer día de lo que las normalistas, las del “Comité”, llaman “Semana Propedéutica”, una semana de preparación antes del ingreso oficial, que es obligatoria, quien no la cumpla, pierde su lugar.

“No había autoridades, no había maestros, eran sólo las mismas alumnas, las que son del Comité, te reciben y a partir del primer momento, eres un número, dejas de ser una persona, son días en los que no vuelves a escuchar tu nombre, sólo un número”.

Desde el primer día, Sara vivió un calvario, 2 horas de correr en el monte, una hora de ejercicio en el patio, desyerbar las parcelas de los vecinos, limpiar el parque, las instalaciones. Extenuantes actividades sin dormir, sin comer, sin tomar agua.

Cuenta que al día sólo les daban una cucharada de frijoles, y dice “no tiene nada de malo que nos den frijoles, no me quejo de eso, pero no me parece justo que sólo una cucharada en todo el día, que con eso teníamos que subsistir todo el día. Que nos dieran lo que ellas quisiera, pero con mayor cantidad, no que nos mataran de hambre”.

“Una noche incluso, cuando me pusieron a hacer vigilancia, comencé a alucinar, yo veía a mi papá al fondo, yo sentía que no podía más. Y mi caso no era tan grave, había compañeras que necesitaban medicamentos, que tenían tratamientos, y no podían consumirlos, todo te quitan al ingresar, te dejan lo básico, ropa, tu pasta de dientes, tu cepillo y nada más”.

Agregó que “una compañera tenía que tomar medicamento para el ojo, no la dejaron, a los tres días tuvo que ser trasladada al hospital, porque su problema se agravó”.

Añade “yo no digo que este mal el hacer ejercicio, el hacer labores, pero si nos dieran agua, si nos dieran alimento, yo llevaba un garrafón de agua para mí, y me lo quitaron, no te dan una sola gota de agua, aprovechábamos cuando nos mandaban a regar las plantas para tomar agua de la manguera, o cuando podíamos del lavabo, pero a los dos días, éramos varias las que estábamos llenas de ronchas, y sólo nos juntaron y nos pusieron en otro cuarto, pero todo seguía igual”.

Sólo dos o tres horas podían dormir, destinaban una cama individual para tres alumnas, obviamente no cabían las tres, y las llamaban en la madrugada, dice Sara, para adoctrinar a las alumnas, en contra del gobierno.

“Eso es lo que me parece contradictorio, porque estás ahí porque el gobierno te da todo, te da comida, te da estudios, y se la pasaban diciendo que el gobierno estaba en contra de ellas, que las reprimen, que el gobierno es el enemigo, nos hablaban de las luchas estudiantiles, de lo que hizo el Ché Guevara, pero finalmente las que estábamos ahí era por el gobierno”.

Le pregunté a Sara a qué hora eran las pláticas, “se me olvidó mencionar eso, no sabíamos ni que hora era, no nos dejaban tener reloj, veíamos cuando amanecía y oscurecía, pero no teníamos idea de la hora”.

Comenta que se suponía que eran poco más de 100 lugares por escalafón del IEA, pero que esto “no se respeta, si tú hiciste el examen pero no tienes los puntos de todas las actividades, no te quedas, realmente el examen no importa, entraron como 400 a esa primer semana, cuando se supone que son como 100 lugares, veías a muchas de otros estados, el examen no se respeta, no se respeta el escalafón que da el IEA, los lugares no se respetan, los lugares se quedan para las de Guerrero, para las de Oaxaca, no importa al final si tuviste una muy buena calificación en el examen”.

Relató que una ocasión a ella y a su grupo las enviaron a desyerbar una parcela de maíz, pero que por el tiempo, no había marzorcas grandes, sólo pequeñas, pero el hambre dice, ya era mucha, así que tomaron algunas “que prácticamente no tenían nada”, y enterraron las hojas, para que no las cacharan.

El “gracias” y “por favor” estaban prohibidos, el argumento era “que esa era una forma de doblegarse”.

Al preguntarle sobre los rumores de que las ponen a rodar entre papeles de excremento, dijo que “eso no, por lo menos eso sí yo nunca lo vi”.

“Veías a muchas llorando, a mitad de semana ya todas éramos zombies, no comías, no dormías, no tomabas agua, te ponían a correr, todo el esfuerzo físico, pero si no tienes de otra, te aguantas, todo lo que puedas, pero a veces el mismo cuerpo ya no da más”.

Sólo 6 días aguantó, no pudo más, a pesar de que únicamente le faltaba un día, su cuerpo ya no resistió, entonces salió, salió un número dice, no una persona, son muchas las que desde el primer día se van, y si atraviesas la puerta ya no hay regreso, ya no te puedes arrepentir, si no aguantas esa semana, te vas, pierdes el lugar que ganaste gracias al examen, a tus calificaciones, a tu esfuerzo.

Explicó que mantuvo contacto con algunas de las que sí ingresaron, asegura que estas prácticas continúan. 

“¿Por qué hasta ahora contar tu historia?”, le cuestioné, a lo que respondió “cuando pasó todo eso, mi mamá si me dijo que fuera a quejarme, que fuera a decir lo que pasaba al IEA, pero iba a ser inútil, es claro que el IEA sabía y sabe lo que pasa en esa semana y no hace nada, las propias autoridades permiten que ellas hagan lo que quieran, que nos humillen, ¿para qué iba a hablar?, y hoy veo todo lo que está pasando, y veo que nadie habla de esa parte de Cañada Honda, de eso que viven cada año cientos de jovencitas que ven en esta Normal, su única oportunidad de estudios, y los veo atacando al gobierno, que si bien ha sido cómplice de permitir estas prácticas, es quien provee a esta escuela, y esta parte, nadie la dice, nadie la cuenta, y lo peor, nadie la detiene”.

“Hey tú, el doscientos y tantos, ven acá”, es una de las frases constantes que dice Sara, no olvida.

Ella no se explica cómo hoy salen a las calles, exigen respeto a los derechos humanos, y ellas, cada año, violan los derechos de cientos de jovencitas durante una semana, de jovencitas que lo único que buscan es una oportunidad para salir adelante, para continuar sus estudios, de jovencitas que durante una semana no duermen, no comen, no toman agua, y son sólo un número.  

“Es injusto, no sólo para las que intentan entrar a la Normal y que son de Aguascalientes, sino a los que estudian en otras universidades, yo tengo un compañero que tiene puro 100, y por más que lo intentó, jamás recibió una beca”.

Sara tenía 18 años, pero a pesar de su mala experiencia, no se dio por vencida, cuenta que trabajó durante dos años y ahorró para sus estudios, hoy trabaja y estudia; “ya estoy a punto de titularme”, dijo con orgullo.  

Que ya no se den estas prácticas, que no sufran más niñas de lo que Sara llamó “una experiencia de humillación”, eso es lo que ella pide. 

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